¿Por qué se retiró la educación cívica en Chile? Y sí, debería volver

Chile lleva casi tres décadas formando generaciones que no saben cómo funciona el Congreso, qué hace el Tribunal Constitucional ni cuál es la diferencia entre un diputado y un senador. No es un accidente. Es una decisión política que nadie ha querido reconocer abiertamente como el error monumental que fue.

La educación cívica Chile como asignatura independiente fue eliminada en 1997 por el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, bajo el argumento de modernizar el currículo escolar y hacer espacio a lo «práctico y funcional» en términos económicos. Chile se creía el jaguar de Sudamérica. Para qué perder horas de clase enseñando cómo votar o para qué sirve el poder judicial, cuando había que producir capital humano competitivo. El resultado está a la vista. Diario Concepción

Una historia de idas y vueltas

La asignatura fue creada en 1912 como materia independiente. En 1967 fue Frei padre — Eduardo Frei Montalva — quien la eliminó por primera vez, integrando sus contenidos en Ciencias Sociales. En 1980 se reincorporó, pero con el sello del régimen militar: se llamó «Educación Cívica y Economía». Diario Concepción

El patrón es casi cómico si no fuera tan revelador: cada vez que un gobierno necesita moldear al ciudadano a su imagen, la educación cívica aparece. Cuando ya no le sirve, desaparece. No es pedagogía — es conveniencia política disfrazada de reforma educacional.

En 2016, la Ley 20.911 creó el Plan de Formación Ciudadana para los establecimientos educacionales reconocidos por el Estado, pero sin restablecer la asignatura como tal. En la práctica, los contenidos quedaron diluidos en Historia y otras materias, sin horario fijo, sin evaluación sistemática y — como era predecible — sin que nadie le prestara mayor atención. Scribd

El costo real de la decisión

Entre 2019 y 2022, Chile vivió el estallido social, una pandemia, un proceso constituyente y dos plebiscitos en menos de tres años. En ese período quedó en evidencia algo que muchos ya sospechaban: una parte importante de la ciudadanía no entendía cómo funcionaba el proceso que estaba viviendo. No sabían qué podía y qué no podía hacer una Convención Constitucional. No entendían la diferencia entre una norma transitoria y una permanente. Participaban con emociones, no con herramientas. Diario Constitucional

Eso no es culpa de la gente. Es culpa de un sistema educativo que decidió que saber producir era más importante que saber participar.

Sí debe volver, pero no así nomás

Aquí viene el matiz que los entusiastas del civismo no quieren escuchar: devolver la asignatura sin más no resuelve nada. Ya se advirtió en su momento que no basta un ramo ni un par de horas en el colegio para recuperar el valor de lo cívico. El riesgo real es que la asignatura se convierta en un vehículo de adoctrinamiento ideológico en lugar de formación ciudadana genuina. Diario Concepción

Y ese riesgo en Chile de hoy no es teórico. Un gobierno con vocación refundacional podría perfectamente usar la «educación cívica» para enseñar que el Estado es la solución a todo, que el mercado es el origen de todos los males, y que la ciudadanía consiste en exigir derechos sin hablar jamás de deberes. Eso no sería educación cívica — sería propaganda con horario asignado.

La asignatura debe volver con tres condiciones mínimas: contenido transversal y no ideologizado, profesores capacitados específicamente para impartirla, y evaluación real de los aprendizajes. Sin esas tres condiciones, es mejor no hacerlo a medias.

Lo que está en juego

Una ciudadanía que no entiende cómo funciona su democracia es una ciudadanía fácil de manipular. Lo vimos en el estallido, lo vimos en los plebiscitos, lo vemos cada vez que una fake news política recorre WhatsApp sin que nadie tenga las herramientas para cuestionarla.

La formación cívica ha sido en Chile un campo en permanente disputa, estrechamente ligada a los proyectos políticos de cada gobierno y al tipo de ciudadano que cada uno necesitaba para legitimarse. Esa es precisamente la razón por la que no puede quedar en manos de ningún gobierno en particular definir qué se enseña y cómo. Museodelaeducacion

Necesitamos educación cívica. Pero necesitamos una que forme ciudadanos que piensen, no militantes que obedezcan. La diferencia es enorme. Y Chile, por ahora, no ha demostrado tener la madurez institucional para garantizarla.

Espero que el gobierno de José Antonio Kast se tome esta tarea en serio o que al menos siente las bases para recuperar la educación cívica en Chile

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