La megarreforma ultranecesaria: cuando la evidencia le da la razón a Kast

Klaus Schmidt-Hebbel, uno de los economistas más respetados de Chile y ex presidente del Banco Central, acaba de poner números y rigor técnico a la reforma tributaria de Kast donde la discusión pública solo tenía consignas. Su columna es, en los hechos, una clase magistral que desarma el relato de quienes insisten en que la agenda de reformas de José Antonio Kast es «inviable» o «populista de derecha». La evidencia dice exactamente lo contrario.

Reforma Tributaria de Kast / Klaus Schmidt-Hebbel
Reforma Tributaria de Kast / Klaus Schmidt-Hebbel

El diagnóstico que nadie puede negar sobre la reforma tributaria de Kast

Schmidt-Hebbel parte por algo que —dice— comparte la gran mayoría de los economistas: Chile está estancado. El bajo crecimiento nos aleja cada vez más de los países desarrollados, la situación fiscal se deterioró entre 2023 y 2025, y el mercado laboral refleja crecientes niveles de costos laborales, empleo estatal, desempleo e informalidad, producto de los cambios impulsados durante el gobierno de Boric.

No es una opinión de campaña. Es el diagnóstico técnico de uno de los economistas con más credibilidad del país, y llega justo cuando la izquierda insiste en que «todo está bien» y que cualquier corrección de rumbo es un capricho ideológico.

Más de 40 medidas con nombre y apellido

Sobre ese diagnóstico, el gobierno de Kast ingresó al Congreso el Proyecto de Ley de Reconstrucción y Desarrollo (PLRD), con más de 40 medidas organizadas en tres frentes: reformas tributarias, reformas regulatorias y cambios en el gasto fiscal y la administración pública.

Entre las reformas tributarias permanentes destacan la baja de la tasa de impuesto a las utilidades de las empresas de 27% a 23% en tres años —acercándonos al promedio OCDE—, la invariabilidad tributaria y regulatoria por 25 años para nuevas inversiones sobre 50 millones de dólares, y la integración plena de los impuestos a personas y empresas. A esto se suman medidas transitorias como la exención de IVA en viviendas nuevas y la eliminación de impuestos a las ganancias de capital, entre más de una veintena de ajustes adicionales.

En paralelo, el paquete regulatorio ataca directamente la burocracia que hoy asfixia la inversión: reduce el plazo de invalidación de autorizaciones sectoriales de 24 a 6 meses y racionaliza la evaluación ambiental y la gestión del Consejo de Monumentos Nacionales. Es exactamente el tipo de traba que los propios inversionistas han denunciado durante años y que ningún gobierno anterior se atrevió a tocar en serio.

El punto que la izquierda no quiere discutir: sí se paga solo

Aquí está el núcleo de la clase magistral. Schmidt-Hebbel explica que los efectos positivos de estas reformas serán graduales, por una razón simple: tanto la implementación de las medidas como la maduración de las nuevas inversiones toman tiempo. Por eso, dice, hay que evaluar el impacto de las reformas a un plazo de diez años.

Usando parámetros del Informe de la Comisión Marfán, el PLRD estima que la respuesta del PIB de largo plazo a un aumento de 1 punto porcentual en el gasto fiscal sería de 0,65%. Con una reducción de 4 puntos porcentuales en el gasto, el aumento correspondiente del PIB llegaría a entre 2,6% y 10 años plazo —una cifra que, según Schmidt-Hebbel, se ubica cerca del rango inferior de estudios comparables, que van del 2,2% al 4%.

¿El resultado? El PLRD proyecta que el costo fiscal de la reforma —sin considerar los mayores ingresos tributarios por el propio crecimiento— alcanzaría un 0,65% del PIB al año 10. Pero al sumar los efectos positivos del mayor crecimiento sobre la recaudación, la megarreforma tendría un efecto final positivo de 0,26% del PIB en el año 10, después de varios años con bajos déficits fiscales.

En otras palabras: la reforma de Kast no solo no quiebra las cuentas públicas en el largo plazo, sino que termina mejorando el resultado fiscal. Eso es exactamente lo opuesto al relato de irresponsabilidad fiscal con el que la oposición ha querido instalar el miedo.

Una condición, no una opción

Schmidt-Hebbel es categórico: aunque el paquete es perfectible en algunas de sus medidas, la evaluación completa de esta megarreforma o reforma tributaria de Kast es muy positiva. Y remata con una frase que debería quedar grabada en la discusión pública de los próximos meses: aprobar este PLRD es condición ultranecesaria para superar el estancamiento de Chile.

No es matiz, no es «una alternativa más»: es una condición. Así de claro lo dice uno de los técnicos más serios y menos sospechosos de partidismo que tiene el país.

Lo que está en juego con la reforma tributaria de Kast

Mientras el Congreso discute artículo por artículo, la pregunta de fondo la responde Schmidt-Hebbel sin rodeos: Chile lleva años estancado, con menos inversión, menos empleo formal y más informalidad, y ahora existe un plan técnico, evaluado con las propias metodologías que usa la izquierda (Comisión Marfán incluida), que muestra un camino de salida.

La megarreforma o reforma tributaria de Kast no es un salto al vacío. Es, según la evidencia, la vía más responsable para que Chile vuelva a crecer sin sacrificar la sostenibilidad fiscal. La pregunta que le queda a la oposición es simple: ¿van a bloquear un plan que los propios números —incluso los suyos— muestran que funciona?

Fuente

La megarreforma ultranecesaria

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