El sistema de impuestos en Chile es regresivo: Cuando compras pan, pagas arriendo de un local o llenas el estanque del auto con combustible, una parte de ese dinero se va directo a las arcas fiscales. Lo curioso es que, sea cual sea tu sueldo, esa parte suele ser exactamente la misma proporción. Entender por qué ocurre esto —y qué tan justo es— requiere mirar cómo está diseñado el sistema tributario chileno.

Sistema de impuestos en Chile: Los dos pilares de la recaudación fiscal
El Estado chileno se financia principalmente con dos grandes familias de impuestos:
Impuestos al consumo, encabezados por el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que grava con una tasa única del 19% la venta de bienes y la prestación de servicios, sin distinguir si el comprador es una persona de altos o bajos ingresos. A esto se suman impuestos específicos como los que afectan a los combustibles o al tabaco.
Impuestos a la renta, que gravan las utilidades de las empresas (Impuesto de Primera Categoría) y los ingresos de las personas (Impuesto Único de Segunda Categoría para trabajadores dependientes e Impuesto Global Complementario para quienes declaran renta anual). A diferencia del IVA, este impuesto sí está diseñado con tramos progresivos: mientras más se gana, mayor es la tasa marginal que se paga.
La pregunta clave de este artículo es qué peso tiene cada uno de estos pilares en la recaudación total, porque de esa proporción depende buena parte del carácter regresivo o progresivo del sistema.
El IVA: el impuesto que no pregunta cuánto ganas
El IVA es, en la práctica, el impuesto más importante para las arcas fiscales chilenas: representa cerca de la mitad de toda la recaudación tributaria del país, muy por encima del aporte del impuesto a la renta. Esto se explica porque el IVA es fácil de fiscalizar, tiene pocas exenciones y se cobra automáticamente en cada transacción comercial.
El problema es estructural: cuando dos personas —una que gana 500 mil pesos al mes y otra que gana 5 millones— compran el mismo paquete de arroz, ambas pagan exactamente el mismo monto de IVA en pesos. Como ese monto representa una fracción mucho mayor del ingreso de la persona más pobre, el impuesto termina absorbiendo un porcentaje mayor de su presupuesto familiar.
Esto no es una opinión, es aritmética básica del consumo: los hogares de menores ingresos destinan una proporción mucho más alta de su presupuesto a bienes de primera necesidad —sobre todo alimentos— porque no tienen margen para ahorrar. Los hogares de mayores ingresos, en cambio, ahorran e invierten una parte importante de lo que ganan, y esa porción ahorrada no paga IVA. El resultado es que, medido como proporción del ingreso, el IVA golpea con más fuerza a quienes menos tienen: un fenómeno que los economistas llaman regresividad.
¿Qué dice la evidencia sobre la regresividad del IVA en Chile?
El estudio más citado sobre este tema en Chile —realizado hace más de dos décadas por los economistas Eduardo Engel, Alexander Galetovic y Claudio Raddatz, y todavía referencia obligada en el debate tributario— comparó cuánto gastan los distintos quintiles de ingreso en alimentos. Encontraron que el quintil más pobre destina más de la mitad de su ingreso a comida, mientras que el quintil más rico destina apenas una fracción menor a la sexta parte del suyo. Esa diferencia confirma el mecanismo regresivo del IVA sobre los alimentos.
Sin embargo, el mismo estudio introduce un matiz importante: en términos de recaudación total (no solo de alimentos), la carga tributaria efectiva —sumando IVA e impuesto a la renta— resultó ser relativamente similar entre los distintos deciles de ingreso, en torno al 15% del ingreso de cada hogar. Es decir, el sistema no es abiertamente «más caro» para los pobres en todos sus componentes, pero tampoco logra que los más ricos aporten una proporción sustancialmente mayor de lo que ganan, que es justamente lo que se esperaría de un sistema progresivo.
Existe además un contrapunto técnico dentro de la propia disciplina económica: especialistas de organismos como la OCDE han cuestionado que el IVA deba considerarse regresivo si se analiza en función del gasto de toda la vida de una persona (en vez de su ingreso de un mes), y advierten que las exenciones o tasas rebajadas —pensadas para aliviar a los más pobres— terminan beneficiando en mayor proporción a los hogares de altos ingresos, simplemente porque estos consumen más en términos absolutos. En Chile, se estima que una parte muy mayoritaria de los beneficios de las exenciones y tasas reducidas del IVA se concentra en el quintil más rico de la población, mientras que el quintil más pobre recibe una fracción menor.
El Impuesto a la Renta: la pieza progresiva que pesa poco
El Impuesto Global Complementario —el que pagan las personas naturales según su nivel de ingreso anual— sí está diseñado con una lógica progresiva: existe un tramo exento para los ingresos más bajos y la tasa marginal va subiendo por tramos hasta alcanzar a quienes tienen las rentas más altas. En el papel, este es el instrumento que debería equilibrar la regresividad del IVA.
El problema es de magnitud: como el impuesto a la renta recauda bastante menos que el IVA, su capacidad de compensar la regresividad del consumo es limitada. A esto se suma que buena parte de la recaudación por renta proviene del Impuesto de Primera Categoría, que grava a las empresas y no directamente a las personas naturales de mayores ingresos, lo que diluye aún más el efecto redistributivo esperado del sistema.
¿Por qué Chile depende tanto del IVA?
La explicación no es casual, sino una decisión de diseño que se ha mantenido por distintos gobiernos desde la década de 1970: privilegiar un sistema tributario simple y difícil de evadir, aunque sea menos progresivo, y usar el gasto público —no la recaudación— como la principal herramienta redistributiva. Bajo esta lógica, no importa tanto que el Estado recaude de forma pareja, sino que después gaste ese dinero en salud, educación, pensiones y transferencias que benefician proporcionalmente más a los hogares de menores ingresos.
Esta apuesta tiene un costo de oportunidad relevante: la carga tributaria total de Chile —es decir, todo lo que el Estado recauda en relación al tamaño de la economía— se sitúa notoriamente por debajo del promedio de los países de la OCDE, el club de economías desarrolladas al que Chile pertenece. Esto significa menos recursos disponibles para políticas sociales que, en otros países, ayudan a corregir buena parte de la desigualdad que genera el propio mercado.
Propuestas para reducir la regresividad
El debate sobre cómo hacer menos regresivo el sistema tributario chileno no es nuevo y ha generado distintas propuestas:
- Devolución o reintegro del IVA a los hogares de menores ingresos, en lugar de crear exenciones generales que —como se explicó— terminan beneficiando también a los sectores acomodados. Organismos como el BID han planteado esta alternativa como más eficiente que bajar la tasa general del IVA.
- Fortalecer la fiscalización para reducir la evasión, especialmente en el IVA, donde una fracción relevante de la recaudación potencial se pierde cada año. La Ley de Cumplimiento de Obligaciones Tributarias, vigente desde enero de 2026, apunta en esta dirección al obligar a bancos y plataformas de pago a reportar transacciones al Servicio de Impuestos Internos (SII).
- Revisar exenciones y regímenes especiales del impuesto a la renta, que en la práctica reducen la tasa efectiva que pagan los contribuyentes de más altos ingresos.
Por qué esto importa para la ciudadanía
Comprender cómo se financia el Estado no es un ejercicio abstracto: determina cuánto dinero hay disponible para hospitales, escuelas o pensiones, y quién termina poniendo esos recursos. Un sistema tributario es, en el fondo, una decisión colectiva sobre justicia distributiva. Conocer sus reglas —y sus tensiones— es parte de ejercer una ciudadanía informada, más allá de si se está de acuerdo o no con el diseño actual.
Conclusión: una tendencia global que también interpela a Chile
El debate sobre el sistema de impuestos en Chile no ocurre en el vacío: se da justo cuando buena parte de los países desarrollados avanza en la dirección contraria a subir la carga tributaria. Desde el año 2000, la tasa promedio del impuesto corporativo en los países de la OCDE ha caído de más del 32% a cerca del 23%, y esa tendencia sigue viva: Austria, Eslovaquia, Alemania y el Reino Unido han recortado tasas o creado incentivos para reducir la carga efectiva sobre la inversión en los últimos años.
La lógica detrás de este movimiento es la llamada competencia tributaria: en una economía globalizada, el capital y las grandes empresas pueden trasladarse con relativa facilidad hacia países con impuestos más bajos, por lo que los gobiernos ajustan sus tasas para no perder inversión, empleo y, paradójicamente, la propia recaudación futura. Organismos como la OCDE han planteado que una carga corporativa excesiva termina desincentivando el crecimiento económico, lo que explica por qué incluso países con fuertes estados de bienestar —como los nórdicos— han optado por mantener impuestos a la renta personal altos mientras cuidan la competitividad de sus impuestos a las empresas.
Esta tendencia añade una capa extra de complejidad al debate chileno sobre la regresividad del IVA: si se busca compensar el peso del IVA con más impuesto a la renta o a las utilidades empresariales —como sugieren varios economistas citados en este artículo—, Chile tendría que hacerlo justo cuando el resto del mundo desarrollado se mueve en sentido opuesto. No existe consenso sobre la mejor salida: mientras algunos advierten que subir impuestos a las empresas resta competitividad frente a otras economías, otros insisten en que la prioridad debe ser la justicia distributiva interna, aunque eso implique nadar contra la corriente internacional. Lo que sí queda claro es que cualquier reforma al sistema de impuestos en Chile deberá equilibrar dos objetivos que no siempre van de la mano: recaudar de forma más progresiva y, al mismo tiempo, no perder atractivo frente a un mundo que compite cada vez más agresivamente por el capital.
Referencias y fuentes consultadas
- Servicio de Impuestos Internos (SII) — Diagnóstico del sistema tributario chileno: https://www.sii.cl/sobre_el_sii/diagnostico.htm
- Engel, E., Galetovic, A. y Raddatz, C. — Impuestos y distribución del ingreso en Chile: ¿es regresivo el IVA?: https://www.eduardoengel.com/papers/86%20egr_perspectivas.pdf
- OCDE / CEPAL — Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe 2025: Chile: https://www.oecd.org/content/dam/oecd/es/publications/reports/2025/05/revenue-statistics-in-latin-america-and-the-caribbean-2025-country-notes_29961c77/chile_2e025062/7ccb7466-es.pdf
- IdeaPaís — Cuentas Claras, Capítulo 1: Ingresos del Gobierno Central: https://ideapais.cl/wp-content/uploads/2025/11/IP_Cuentas_Claras_Cap1.pdf
- Diario Financiero — Cómo lograr que el IVA afecte menos a las personas más vulnerables: https://www.df.cl/periodismo-de-soluciones/como-lograr-que-el-iva-afecte-menos-a-las-personas-mas-vulnerables
- Pauta.cl — BID: Devolver IVA a hogares pobres reduce desigualdad y sube recaudación: https://www.pauta.cl/economia/bid-propone-no-reducir-el-iva-sino-devolver-los-pagos-a-hogares-pobres
- Duemint — Ley Antievasión 2026 Chile: https://www.duemint.com/blog/ley-antievasion-2026-chile-pymes-emprendedores
- DIPRES — Ejecución Presupuestaria a septiembre 2025: https://www.dipres.gob.cl/598/w3-article-393259.html
- BioBioChile (Opinión) — La competitividad tributaria sí existe en la OCDE: https://www.biobiochile.cl/noticias/opinion/columnas-bbcl/2026/05/04/la-competitividad-tributaria-si-existe-en-la-ocde.shtml La Tercera-Pulso / CCL Auditores — Impuesto a las empresas en Chile (27%) versus promedio OCDE (24%): https://cclac.cl/prensa/la-tercera-pulso-compared-to-chiles-27-corporate-tax-averages-24-across-oecd-countries-and-21-globally/
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