Chile tiene, sin que casi nadie lo sepa, conciertos sin impuestos: cada vez que una superestrella internacional pisa el Estadio Nacional, el país entero habla de la fiesta, las entradas agotadas y las cifras millonarias en juego. Lo que casi nadie discute es que buena parte de ese dinero nunca pasa por caja fiscal. La visita de BTS —con tres fechas agotadas en tres días y entradas de hasta $528.000— es el ejemplo perfecto de un mecanismo legal que beneficia a productoras extranjeras como la argentina DG Medios, mientras el fisco chileno queda al margen.

Conciertos sin Impuestos: El artículo de la ley que lo hace posible
El beneficio no es un vacío ni una interpretación audaz: está escrito en la ley. El artículo 12, letra E, N°1 del DL 825 —la Ley sobre Impuesto a las Ventas y Servicios— exime del pago de IVA (19%) a los espectáculos artísticos, culturales, teatrales y musicales que cuenten con el auspicio del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Así lo explica el exgerente de Random House, Pablo Dittborn, quien ha sido una de las voces más críticas del caso.
Para que un artista extranjero acceda a esta exención, basta con acreditar uno de tres requisitos: el patrocinio de su embajada o consulado, que el show forme parte de un programa de intercambio cultural de su gobierno, o el respaldo de una institución educacional o cultural extranjera de prestigio. Ninguno de estos requisitos exige demostrar que el evento tenga un fin cultural genuino más allá del entretenimiento masivo.
El resultado, según estimaciones citadas por Dittborn, es que solo las tres noches de BTS le habrían costado al fisco cerca de 3 millones de dólares en IVA no recaudado.
La defensa del Ministerio de las Culturas
Consultada sobre el caso, la Subsecretaría de las Culturas y las Artes respondió que el auspicio institucional se rige por normativa vigente y no es una decisión discrecional, sino que las solicitudes son evaluadas técnicamente por sus equipos conforme a los requisitos legales. La institución insiste en que el beneficio tributario no depende de la popularidad del artista ni del tamaño del espectáculo, y que cualquier evento cultural puede acceder a él si cumple la ley.
El Ministerio agrega que, en el caso de los espectáculos masivos, la normativa exige además la incorporación de artistas nacionales como teloneros, en línea con la modificación a la Ley 19.928 de Fomento de la Música Chilena —el único «aporte» tangible que el marco legal impone a este tipo de eventos.
Un negocio jugoso y opaco
Las cifras del negocio detrás de estos conciertos rara vez se transparentan. Empresas como DG Medios no publican sus flujos financieros, pese a mover cifras millonarias en cada evento. El artista principal suele quedarse entre el 50% y el 85% de la recaudación neta de taquilla: figuras como Luis Miguel han facturado cerca de un millón de dólares limpios por show en Santiago. Tras descontar arriendo del recinto, personal, montaje, derechos de autor (SCD) y publicidad, la utilidad de la productora rondaría entre el 10% y el 20% del total recaudado, según estimaciones del propio rubro.
Es decir: mientras el show mueve decenas de millones de dólares y deja utilidades de siete cifras para artistas y productoras extranjeras, el Estado chileno —que podría estar recibiendo un 19% adicional por cada entrada— renuncia a esa recaudación amparado en una norma pensada, originalmente, para proteger la cultura nacional.
La pregunta de fondo
Dittborn plantea una alternativa concreta: con los recursos que se dejan de recaudar solo por eventos como el de BTS, Chile podría avanzar significativamente en la construcción del GAM, un espacio también dedicado a la música y las artes escénicas, pero de acceso público y sin fines de lucro extranjero.
El debate no es si BTS o cualquier otro artista internacional merece o no visitar Chile. El debate es si tiene sentido que una ley diseñada para fomentar la cultura nacional termine subsidiando, sin exigir casi nada a cambio, a las productoras más grandes y menos transparentes del negocio del entretenimiento global.
Mientras el chileno promedio ve cómo cada peso adicional de su sueldo es discutido, fiscalizado y gravado bajo el argumento de que «todos debemos aportar», empresas como DG Medios se llevan millones sin que nadie en el debate público exija que también aporten su parte. Si la lógica de la izquierda tributaria fuera consistente, este caso debería ser exactamente el tipo de privilegio que combaten con más fuerza: una exención que no beneficia al artesano local ni a la compañía de teatro independiente, sino a la industria más lucrativa y menos transparente del entretenimiento global. Que nadie levante la voz solo confirma que, para ciertos sectores, la indignación tributaria tiene destinatarios muy selectivos.
Fuente: Beneficio tributario: recital de BTS dejará de pagar unos US$ 3 millones por exención de IVA
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