Sudamérica gira a la derecha: ¿Cambio estructural o péndulo político?

El giro político América Latina está cambiando el mapa del continente. Desde 2022, una ola derechista ha barrido gobiernos de izquierda en al menos nueve de las 15 principales democracias de la región, revirtiendo el llamado «giro rosa» que dominó el continente a comienzos de los 2000. Mientras en Perú se cuentan todavía los votos de una segunda vuelta histórica —con Keiko Fujimori y Roberto Sánchez separados por apenas décimas de punto porcentual—, la pregunta que recorre los foros académicos y las redacciones de todo el continente es la misma: ¿es esto un cambio estructural o simplemente el péndulo de siempre?

giro político América Latina – El inicio del ciclo derechista en América Latina

El inicio del ciclo: Argentina como detonador

El punto de inflexión llegó en noviembre de 2023 con la elección de Javier Milei en Argentina. Su victoria sobre el peronismo, con un discurso abiertamente antisistema y una promesa de destrucción del Estado como se conoce, no fue solo una elección presidencial: fue una señal de que el electorado latinoamericano estaba dispuesto a votar por algo radicalmente distinto. Milei se convirtió en el símbolo global de una nueva derecha que habla directamente a las redes sociales, desprecia el lenguaje diplomático y pone el dedo en la herida de décadas de promesas incumplidas.

Le siguieron más casos. En Bolivia, Rodrigo Paz puso fin en 2025 a casi dos décadas de hegemonía del MAS —el movimiento de Evo Morales—, marcando el primer cambio de mando hacia el centroderecha en mucho tiempo en un país donde la izquierda indígena parecía inamovible. En Honduras, Nasry Asfura reemplazó a Xiomara Castro, y en Panamá, José Raúl Mulino llegó al poder desplazando al centroizquierdista PRD.

Y luego, más cerca de casa: en diciembre de 2025, José Antonio Kast ganó la presidencia de Chile con el Partido Republicano, derrotando al candidato oficialista en segunda vuelta con más del 58% de los votos, cerrando el ciclo del gobierno Boric antes de que pudiera intentar consolidarse como referente regional de la izquierda moderna.

Una derecha que no es una sola

Error común es hablar de «la derecha» como si fuera un bloque monolítico. No lo es. Dentro de esta ola conviven proyectos muy distintos, a veces contradictorios.

Por un lado está la derecha disruptiva: Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador encarnan una política que rompe con el establishment, comunica directamente por redes sociales y no teme la confrontación institucional. Bukele, reelegido en 2024 con más del 80% de los votos tras su controversial plan de seguridad, se ha convertido en el modelo aspiracional para una ciudadanía hastiada de la impunidad del crimen organizado.

Por otro lado existe una derecha institucional y pragmática: Luis Abinader en República Dominicana o Daniel Noboa en Ecuador representan gobiernos más orientados a la estabilidad macroeconómica, la inversión extranjera y la lucha técnica contra la corrupción, sin la estética rupturista de sus pares más radicales.

Lo que une a ambas corrientes es el diagnóstico del fracaso: la izquierda regional no cumplió con sus promesas en seguridad ni en bienestar económico, y el electorado lo está cobrando en las urnas. Como señalan los analistas del Latinobarómetro, el voto de castigo explica gran parte del fenómeno, más que un verdadero desplazamiento ideológico masivo de la ciudadanía.

Perú: la disputa más cerrada del continente, en tiempo real

Y ahí está Perú, que en este preciso momento protagoniza el epílogo más dramático de esta ola regional.

En la primera vuelta del 12 de abril, la derechista Keiko Fujimori (Fuerza Popular) obtuvo el 17,19% de los votos válidos, mientras que el comunista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) alcanzó el 12,04%, superando por estrecho margen a Rafael López Aliaga en la disputa por el segundo puesto. La jornada, marcada por la atomización del voto entre 35 candidatos, terminó siendo una de las más fragmentadas de las últimas décadas en el país. El Comercio / CNN

La campaña entre rondas estuvo lejos de ser tranquila. López Aliaga y Renovación Popular, que quedaron terceros en el conteo, denunciaron «fraude electoral» sin pruebas concretas, llamando incluso a sus seguidores a la insurgencia, un episodio que tensó el ambiente antes del balotaje. Wikipedia

El domingo 7 de junio se celebró la segunda vuelta. Con más del 95% de las actas contabilizadas, Roberto Sánchez mantiene una ventaja mínima sobre Keiko Fujimori en lo que se perfila como la elección presidencial más ajustada de las últimas décadas en Perú. Al corte del 9 de junio, Sánchez supera a Fujimori por apenas 20.297 votos sobre un total de casi 18 millones de sufragios válidos. Gestión / El Comercio

El resultado tiene implicancias que van más allá de Perú: si gana Fujimori, la ola derechista suma un nuevo eslabón y el mapa se inclina aún más. Si gana Sánchez, la izquierda peruana logra contener la marea con un margen que habla de un país profundamente dividido.

Más allá del resultado, el proceso mismo ya dice algo: la candidata derechista admitió públicamente que hay un «empate técnico», una frase que resume perfectamente el estado del ánimo político de la región: nadie tiene una mayoría cómoda, todos gobiernan en la cuerda floja. primicias

Las causas detrás del giro

Los analistas coinciden en algunos factores transversales que explican la tendencia:

Inseguridad como detonador. El auge del crimen organizado —desde el Tren de Aragua hasta las pandillas salvadoreñas, pasando por el narco mexicano que permea hacia el sur— se convirtió en el tema político dominante de la región. Los gobiernos de izquierda, en general, tardaron o fallaron en responder con eficacia, y la ciudadanía buscó alternativas.

Inflación y estancamiento económico. Los años post-pandemia dejaron economías golpeadas y clases medias empobrecidas. El modelo estatista de redistribución no generó el crecimiento prometido, y el votante promedio lo pasó a la cuenta.

Desconfianza institucional y auge de las redes sociales. La política tradicional —de izquierda y derecha— perdió credibilidad. Las redes sociales democratizaron el acceso al discurso político y permitieron que líderes sin estructura partidaria tradicional conectaran directamente con millones de ciudadanos frustrados.

¿Cambio estructural o péndulo?

La pregunta del millón sigue abierta.

El argumento del cambio estructural se apoya en la simultaneidad y magnitud del fenómeno: no es un país, son nueve. No es un ciclo económico puntual, es una crisis de confianza en el modelo de izquierda que se gestó durante más de una década. Y hay factores demográficos: la Generación Z latinoamericana, contraintuitivamente, muestra en encuestas mayor apertura hacia propuestas libertarias y de libre mercado que sus padres millennials.

El argumento del péndulo de siempre también tiene sustento: América Latina tiene una historia larga de oscilaciones. El ciclo de izquierda de los 2000 (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina, Uruguay, Chile) llegó en su momento como un fenómeno «inevitable» que duraría décadas. No duró. La región es experta en desilusionarse rápido.

Lo que sí es nuevo es la velocidad del ciclo y la radicalidad de algunos de sus protagonistas. Milei no es Macri. Kast no es Piñera. La nueva derecha juega en otro registro, y eso puede acelerar tanto la consolidación como el agotamiento.


Perspectivas: el test de los resultados

La clave, al final, es simple aunque brutal: estos gobiernos serán juzgados por lo que logren, no por lo que prometan.

Si la apuesta de seguridad funciona —si las tasas de homicidio bajan, si el crimen organizado retrocede— el modelo de mano dura cosechará réditos electorales. Si la liberalización económica genera crecimiento real y no solo beneficia a los de arriba, la derecha consolidará su ciclo. Pero si los resultados no llegan, si la promesa de cambio se convierte en la misma frustración con distinto empaque, el péndulo volverá a moverse.

En Perú, mientras tanto, se siguen contando los votos.

https://resultadosegundavuelta.onpe.gob.pe/main/resumen


Crónicas del Chile Fome analiza la política latinoamericana desde una perspectiva crítica y basada en datos. ¿Crees que el giro derechista es definitivo o coyuntural? Déjanos tu opinión en los comentarios.

Fuentes consultadas: El Comercio (Perú), La República, ONPE, CNN en Español, Primicias, El Peruano, Wikipedia — Elecciones generales de Perú 2026.

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