Chile atraviesa una emergencia laboral que se refleja en el 9,4% de desempleo registrado en el trimestre marzo-mayo de 2026, la cifra más alta en cinco años. El dato no es una anécdota estadística: es la confirmación de que el país nunca terminó de salir del agujero que dejó la pandemia, mientras la región completa ya lo hizo hace tiempo. Así lo planteó el economista UC David Bravo, expresidente de la Mesa de Reactivación Laboral, en una entrevista con El Libero que retrata con crudeza el fracaso de la política laboral de los últimos gobiernos.
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Emergencia Laboral: Un relato oficial que no resiste los datos
Bravo fue derecho al hueso sobre el discurso con que distintas autoridades han intentado maquillar la cifra. Según explicó, la costumbre de mirar el empleo solo en ventanas de doce meses genera una ilusión óptica: si la economía viene recuperándose, cualquier cifra de creación de empleos «hacia atrás» parece un logro, aunque en rigor el país jamás recuperó lo perdido en pandemia.
De ahí nace la frase que da título a esta nota. Como resumió el propio Bravo, en su momento «se empezó a decir, por ejemplo, ‘creamos 700 mil empleos'», cuando en los hechos «no crearon ningún empleo», ni siquiera se logró recuperar el nivel de ocupación previo a la pandemia. Chile, afirma, sería el único país de América Latina en esa situación: mientras la región y la OCDE volvieron a sus tasas de desempleo prepandemia, Chile se quedó estancado muy por encima de ese estándar.
La brecha que nadie quiere explicar: el misterio de los 70 mil cotizantes
El dato más incómodo de la entrevista tiene que ver con la letra chica detrás del «empleo formal». Bravo contrastó dos fuentes: los registros administrativos de cotizaciones —que consideró la referencia más confiable, porque son pagos efectivamente realizados— y la Encuesta Nacional de Empleo del INE.
El resultado es una contradicción mayúscula. Tomando los últimos cuatro años (marzo 2022 a la fecha), los registros administrativos muestran una caída de 70 mil cotizantes. La encuesta del INE, en cambio, muestra un alza de 360 mil cotizantes en el mismo período. Dos series que, según el propio Bravo, no pueden ser ciertas ambas al mismo tiempo, y que explican por qué la narrativa de «formalización creciente» no cuadra con la realidad de las cotizaciones pagadas. Por eso la Mesa de Reactivación Laboral propuso derechamente que el INE se pronuncie sobre las distorsiones metodológicas de su propia encuesta.
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Las causas: costo laboral que subió sin productividad que lo sostenga
Para Bravo, el deterioro no es un fenómeno externo ni exclusivamente post-pandémico: es el resultado directo de decisiones de política pública. Entre los factores que identifica:
- El alza del salario mínimo a tasas de 50%-60%, sin un correlato de aumento de productividad.
- La reducción de la jornada laboral hacia las 40 horas, cuyo solo paso de 44 a 42 horas en abril ya significó un alza de costo laboral de 4,8%.
- La reforma previsional, que sumó presión adicional sobre el costo de contratar.
- El intento —aunque finalmente bajado por este gobierno— de instalar la negociación colectiva por rama, que según Bravo generó «malas expectativas» incluso antes de materializarse.
La consecuencia, dice, es que el empleo se «desacopló» del crecimiento del PIB: hoy se genera menos empleo por cada punto de actividad económica que el que se generaba antes, incluso en un contexto de crecimiento ya de por sí bajo.
La propuesta sobre la mesa: flexibilizar sin precarizar
El proyecto que impulsa el ministro del Trabajo, Tomás Rau, busca ampliar el ciclo de cálculo de la jornada laboral de 4 a entre 15 y 16 semanas, alineándose con el estándar OCDE. Bravo lo calificó como una medida «bien orientada», que permite a las empresas más pequeñas —que no pueden absorber el mismo «traje único» que una gran corporación— algo de margen para organizar la jornada y compensar el mayor costo laboral acumulado.
Sobre las acusaciones de que esto «precariza» el empleo, Bravo fue categórico: el concepto de precarización, dice, está pensado para un trabajador industrial clásico que ya no representa la diversidad del mercado laboral actual. La verdadera precarización, sostiene, es la que viven quienes hoy no tienen empleo, especialmente mujeres y jóvenes, grupos que rara vez aparecen en los titulares.
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Emergencia Laboral: La urgencia que falta
Bravo cerró con una advertencia directa al Ejecutivo: falta «un sentido de urgencia mayor». Mientras el subsidio unificado al empleo —una de las medidas propuestas por la Mesa— recién comenzaría a operar en octubre, la emergencia laboral exige, según el economista, medidas inmediatas: adelantar ese subsidio, complementarlo con mecanismos de crédito rápido para nuevas contrataciones, y no esperar a que la recuperación económica del segundo semestre haga todo el trabajo por sí sola.
El mensaje de fondo es incómodo para el relato oficial: el desempleo en Chile no es una fatalidad estructural inevitable, sino el resultado acumulado de decisiones de política pública que priorizaron el relato por sobre los datos. Y, como advierte Bravo, seguir gobernando el mercado con la actual emergencia laboral a punta de anuncios de salario mínimo sin mirar las cifras reales «llega a un punto de ser muy peligroso».
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