
Niños haitianos sin rastro en Chile: La Fiscalía abre investigación de oficio por el ingreso masivo de menores haitianos en 2025, en pleno gobierno de Boric. Un preinforme reservado de Contraloría revela lo que el gobierno prefería que nadie supiera: adultos sin vínculo verificado, niños sin paradero y un Estado que simplemente miró hacia otro lado.
Había una vez un gobierno que decía preocuparse mucho por los derechos humanos, la infancia y la migración ordenada. Ese mismo gobierno, durante el año 2025, permitió que cientos de niños, niñas y adolescentes haitianos ingresaran a Chile acompañados de adultos cuya relación con ellos nadie se molestó en verificar. Y lo que es peor: hoy, varios de esos niños simplemente no aparecen.
Este lunes, la Fiscalía Nacional anunció la apertura de una investigación de oficio para determinar si hubo delitos en el ingreso masivo de menores de nacionalidad haitiana a territorio chileno durante el gobierno de Gabriel Boric. La investigación quedó a cargo de la Fiscalía Metropolitana Centro Norte y busca recabar «todos los antecedentes» sobre un proceso que, con cada hora que pasa, parece más turbio.
El detonante fue un preinforme reservado de la Contraloría General de la República —al que accedió en exclusiva Radio Bío Bío— que dejó al descubierto una postal difícil de defender: cientos de niños haitianos sin rastro en Chile ingresaron al país acompañados por adultos cuya relación «no siempre fue verificada por las autoridades competentes». Más grave aún: Contraloría consignó de forma oficial múltiples casos de «NNA no encontrados durante la visita a terreno». En los domicilios auditados simplemente no había rastro físico de los niños, y los residentes actuales no poseían antecedentes, nombres ni datos sobre su paradero. BioBioChile / Elpinguino
Dicho en castellano: el Estado autorizó el ingreso de niños, los dejó entrar, y hoy no sabe dónde están.
Vuelos chárter, sin lista de pasajeros y con control de ciencia ficción
Entre enero y abril de 2025, al menos 20 vuelos chárter con ciudadanos haitianos aterrizaron en Chile, transportando un total de 2.350 menores de edad y 1.251 adultos. El gobierno los defendió bajo el paraguas de la «reunificación familiar», amparado en el artículo 19 de la Ley Migratoria. La Tercera
El problema es que esa figura legal tiene requisitos. La ley de migraciones en su artículo 28 establece que los menores deben ingresar a Chile acompañados de padre, madre, guardador o persona encargada del cuidado, o con autorización escrita por uno de ellos, del tribunal o la autoridad competente. Lo que no dice la ley es que bastaba con que alguien dijera ser el familiar para que las autoridades le creyeran sin más preguntas. T13
El sistema descansó únicamente en datos autorreportados y declaraciones juradas de los interesados, sin que existieran validaciones científicas, cruces de bases de datos o control biológico de los adultos acompañantes. El Sermig (Servicio Nacional de Migraciones) y la PDI simplemente confiaron. Y lo que es más absurdo: uno de los casos más llamativos se registró en octubre de 2025, cuando un Boeing 737 aterrizó en Santiago portando a 44 menores bajo severas irregularidades, tales como la ausencia absoluta de listado de pasajeros. ElpinguinoElpinguino
Un avión lleno de niños. Sin lista de pasajeros. Autorizado por el Estado chileno.
¿Funcionarios que facilitaron el ingreso ilegal?
La Fiscalía no se anduvo con rodeos al describir la gravedad del asunto. Según el Ministerio Público, la investigación busca determinar «la eventual existencia de un funcionario público o de un grupo de personas que hayan facilitado o promovido la entrada ilegal al país de personas que no sean nacionales o residentes».
El director de la Unidad de Anticorrupción de la Fiscalía Nacional, Eugenio Campos, fue enfático: «Estos son hechos graves que requieren una investigación específica por parte del Ministerio Público». Y agregó que se busca determinar si algún funcionario incurrió en omisiones «de hechos que revisten carácter de delito».
El propio director del Servicio Nacional de Migraciones, Frank Sauerbaum, firmó una denuncia ante la Fiscalía para aportar antecedentes sobre un eventual delito de tráfico de niños haitianos sin rastro en Chile, acompañando seis documentos con información recabada durante las fiscalizaciones realizadas en conjunto con Contraloría y la PDI. Entre los hallazgos: al menos 12 adultos, tanto chilenos como extranjeros, ingresaron de forma reiterada al país en distintos vuelos, aparentemente vinculados a múltiples menores. Radio Universidad Chile
El gobierno que «no veía nada»
Mientras todo esto ocurría, el entonces ministro del Interior, Álvaro Elizalde, salía a los medios a decir que la llegada de haitianos se daba «en un número marginal» y que no se trataba de una «ola migratoria». Comparó las cifras con el gobierno de Piñera, señalando que durante esa administración se otorgaron 200 mil visas temporales a ciudadanos haitianos, mientras que en el período Boric la cifra alcanzó solo 24 mil. Vilas Radio
Lo que Elizalde no explicó es que el número de visas no dice nada sobre cuántos adultos sin relación verificable entraron junto a esos niños. Ni sobre cuántos de esos niños hoy están desaparecidos del radar del Estado.
El informe de Contraloría describe un cuadro de desarticulación estructural e inacción entre los tres estamentos llamados por ley a proteger a la infancia y regular las fronteras: el Servicio Nacional de Migraciones, la PDI y la Subsecretaría de la Niñez. Tres instituciones. Cero coordinación. Niños sin paradero. Elpinguino
Lo que viene
La investigación sobre niños haitianos sin rastro en Chile acaba de comenzar. La Fiscalía Metropolitana Centro Norte tendrá que determinar si hubo tráfico de menores, facilitación de ingreso ilegal o simplemente una negligencia institucional de proporciones épicas. Cualquiera de las tres opciones es una vergüenza.
Lo que ya está claro es que el Estado chileno, bajo la conducción de Gabriel Boric, autorizó vuelos con menores sin verificar a quién los llevaba, sin cruzar bases de datos, sin saber adónde iban a llegar ni con quién iban a vivir. Y cuando Contraloría fue a buscarlos, varios simplemente no estaban.
Eso no es un error administrativo. Eso es una falla del Estado con cara de delito.
Conclusión
Cuando todo se desmenuza, cuando se apartan los eufemismos institucionales, los comunicados cuidadosamente redactados y las comparaciones convenientes con gobiernos anteriores, queda un hecho desnudo e incontestable: esto ocurrió bajo la conducción política de Gabriel Boric Font, Presidente de la República de Chile durante el año 2025.
Los niños haitianos sin rastro en Chile no es un accidente cualquiera, no es un error administrativo. Fue una política de estado del gobierno anterior.
El programa de reunificación familiar no operó solo. Requirió autorizaciones. Requirió que la DGAC aprobara vuelos chárter. Requirió que el Sermig no exigiera verificación biológica ni cruce de bases de datos. Requirió que la Subsecretaría de la Niñez mirara hacia otro lado. Requirió, en definitiva, que un aparato de Estado completo funcionara en modo de mínima resistencia frente a un flujo de menores cuyo destino nadie controló.
Ese aparato de Estado tenía un jefe. Se llama Gabriel Boric.
El mismo que construyó su identidad política sobre la defensa de los derechos humanos, la protección de los más vulnerables y la transparencia institucional, presidió el período en que cientos de niños ingresaron a Chile sin que nadie verificara con quién venían, a dónde iban ni si estaban a salvo. Y hoy, algunos de esos niños no aparecen.
No hay forma de transferirle la responsabilidad política al Sermig, a la PDI o a la Subsecretaría de la Niñez sin pasar primero por La Moneda. Los servicios públicos ejecutan. Los gobiernos deciden. Y este gobierno decidió, mes tras mes durante 2025, no preguntar demasiado.
La Fiscalía investigará si hubo delitos. La historia ya tiene su veredicto político: Gabriel Boric entregó un Estado que no supo —o no quiso— saber dónde terminaron los niños haitianos sin rastro en Chile que él mismo dejó entrar.
Eso no se olvida. Y no se perdona.
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