
A menos de dos semanas del balotaje en Brasil, una frase vuelve a perseguir a Luiz Inácio Lula da Silva. En redes sociales circula el fragmento de una entrevista en la que el mandatario habría dicho que aspira a construir una sociedad de clase media baja. La polémica sobre Lula clase media baja se instaló justo cuando el petista necesita convencer a ese mismo segmento para no perder el poder frente a Flávio Bolsonaro el próximo 25 de octubre.
Para sus detractores, la cita retrataría la verdadera ambición del Partido de los Trabajadores (PT): no sacar a los brasileños adelante, sino mantenerlos en un escalón modesto y dependiente de los programas estatales. Para sus defensores, se trataría de un recorte sacado de contexto de una idea que Lula repite hace más de quince años: que los pobres suban primero a la clase media baja y, desde ahí, sigan escalando.
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Lula clase media baja: qué dijo y por qué incomoda
La expresión no es nueva en el discurso del líder brasileño. En 2010, en una entrevista con The Economist, Lula ya explicaba que su gobierno había comenzado a dar los pasos para que los más pobres subieran a la baja clase media y luego a la clase media, según recogió en su momento el Diário Online. Quince años después, en octubre de 2025, volvió sobre la idea durante un acto en São Paulo y planteó que buscaba crear una especie de sociedad de clase media, recordando que nueve de cada diez brasileños ganarían menos de 5 mil reales al mes, de acuerdo con el Diário do Grande ABC.
El problema para el oficialismo es que el mensaje es ambiguo y se presta para cualquier lectura. Mientras en septiembre de este año Lula aseguró en una radio de Ceará que estaba «predestinado» a convertir a Brasil en un país de clase media alta al estilo del Estado de bienestar europeo, tal como informó el Diário de Pernambuco, la versión de la «clase media baja» que hoy circula en plataformas como X se volvió munición perfecta para la campaña rival.
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El voto de la clase media, el gran botín del balotaje
La frase llega en el peor momento. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro superó a Lula por unos 2,3 millones de votos, con algo más de 56 millones de sufragios frente a cerca de 53,7 millones del actual presidente, según el conteo informado por Euronews. La definición quedó para el 25 de octubre y todo indica que se jugará en los sectores medios.
Las encuestas ya habían encendido las alarmas. Un sondeo de AtlasIntel y Bloomberg publicado en abril mostró que Lula mantenía una aprobación cercana al 52% entre quienes ganan hasta dos salarios mínimos, pero que la desaprobación saltaba a 65% entre quienes perciben de 2 mil a 3 mil reales mensuales, justamente la franja que suele identificarse como clase media baja, según detalló InfoMoney.
En otras palabras, la «clase C» que el lulismo presume haber creado en sus primeros gobiernos sería hoy uno de los grupos más críticos de su gestión. Esa paradoja explica por qué cualquier declaración que suene a techo bajo para las aspiraciones de ascenso social puede costar votos decisivos.
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El costo de un Estado que promete demasiado
Detrás de la controversia hay un debate económico de fondo. El modelo del PT se ha apoyado en transferencias como Bolsa Família y el programa Pé-de-Meia, que Lula defiende como motores de movilidad social. Sus críticos sostienen que ese esquema exige más impuestos y más gasto, y que termina castigando precisamente a quienes trabajan, emprenden y pagan la cuenta: la clase media.
En campaña, el propio Lula ha optado por atacar los recortes que propone su adversario. Hace apenas unos días, durante una visita a Rio Grande do Norte, pidió a la sociedad preguntarse de dónde saldría el ajuste de 250 mil millones de reales que plantea Flávio Bolsonaro, según reportó O Liberal. La discusión sobre el tamaño del Estado, en Brasil como en Chile, sigue abierta.
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La experiencia regional muestra que las promesas de bienestar financiadas con más tributos tienen un límite. En Chile, la mayoría de los ciudadanos ha manifestado su rechazo a cargas tributarias más altas sobre personas y pymes, y el debate sobre achicar el Estado ha ganado terreno tras años de cifras económicas débiles. Basta revisar el desempeño económico del gobierno de Boric para entender por qué el electorado de centro mira con desconfianza los discursos redistributivos.
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Un giro regional que pone a prueba a la izquierda
Lo que ocurra en Brasil tendrá eco en toda América Latina. La región vive un ciclo de cambio en el que varios electorados han castigado a gobiernos de izquierda por inseguridad, estancamiento y alto costo de la vida. Así lo muestran procesos como la primera vuelta en Colombia y las elecciones presidenciales en Perú.
Para Lula, la batalla ya no es solo contra un apellido, sino contra la percepción de que su proyecto ofrece un techo y no una escalera. Si la clase media brasileña concluye que el oficialismo se conforma con mantenerla en un escalón modesto, el balotaje podría inclinarse definitivamente hacia la derecha.
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Lo que viene antes del 25 de octubre
En los próximos días, el PT intentará reencuadrar la frase y volver a su narrativa de ascenso social, mientras el bolsonarismo la usará como prueba de que el lulismo administra la pobreza en lugar de superarla. Los debates televisivos y las últimas encuestas dirán si la polémica sobre la clase media baja logra mover la aguja en una elección que se definiría por un margen estrecho.
Lo cierto es que, más allá de la literalidad de la cita, la discusión dejó al descubierto una pregunta incómoda para la izquierda latinoamericana: ¿se trata de sacar a la gente de la pobreza o de mantenerla en una dependencia cómoda del Estado? La respuesta, en Brasil, la darán las urnas.
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