
La crisis de Ceuta se ha convertido en la peor pesadilla electoral de Pedro Sánchez. A un mes de la llegada masiva de migrantes a la ciudad autónoma española, las encuestas confirman un desplome sostenido del PSOE y de sus socios de coalición, mientras el Partido Popular (PP) y VOX capitalizan el descontento ciudadano y se acercan a una mayoría absoluta conjunta. El fenómeno, que en Chile resuena como un espejo de lo que ha ocurrido con el giro a la derecha en la región, vuelve a instalar la seguridad y la migración como los ejes que definen el humor electoral.
La crisis de Ceuta hunde al PSOE en su peor momento de la legislatura
Según la última encuesta de Sigma Dos para El Mundo, elaborada entre el 20 y el 26 de agosto, el PSOE de Sánchez caería hasta el 25,4% de los votos y apenas 101 diputados, su peor estimación desde que asumió el Gobierno. El sondeo fue realizado luego de que, a fines de julio, miles de extranjeros ingresaran de forma irregular a la ciudad autónoma, generando una situación que medios españoles describen como insostenible, con episodios de violencia contra migrantes, organizaciones no gubernamentales y los propios vecinos de Ceuta.
El desgaste no se limita al PSOE. Sumar, el otro socio de gobierno, se desplomaría hasta un 6,6% de los votos y apenas 10 diputados, muy lejos de los 31 que obtuvo en las elecciones de 2023. Podemos, por su parte, quedaría relegado a un 2,8% y un solo representante. El diagnóstico se repite en distintas casas encuestadoras: tanto NC Report para La Razón como Sociométrica para El Español coinciden en un retroceso sostenido del bloque oficialista desde que estalló la crisis migratoria.
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PP y VOX: los grandes beneficiados del desgaste socialista
El correlato del hundimiento socialista es la consolidación de la derecha española. De acuerdo con Sigma Dos, el PP liderado por Alberto Núñez Feijóo se distanciaría del PSOE por 7,7 puntos porcentuales, mientras que VOX registraría su mejor marca del ciclo político: 61 escaños, prácticamente el doble de los 33 que obtuvo en 2023, con un 17,9% de intención de voto. Juntos, PP y VOX sumarían 204 diputados según ese sondeo, y hasta 210 según otras mediciones recientes, una cifra que los deja a las puertas de una mayoría absoluta sin necesidad de otros socios parlamentarios.
Feijóo visitó Ceuta el 19 de agosto y prometió, en caso de llegar a La Moncloa, expulsar a todos los inmigrantes en situación irregular, incluidos los menores no acompañados, una postura que ha sido replicada con matices aún más duros por VOX, que ha calificado abiertamente la situación como una «invasión». El desplazamiento del electorado hacia estas dos fuerzas confirma un patrón que se observa en distintas democracias occidentales: cuando la seguridad fronteriza y el control migratorio se perciben como fuera de control, el electorado castiga a los gobiernos de centroizquierda y premia a las opciones que ofrecen mano dura.
Un patrón que también se vive en Chile y la región
El caso español no es un fenómeno aislado. En Chile, la administración de José Antonio Kast ha basado buena parte de su respaldo ciudadano en una agenda de seguridad y control migratorio que, según sucesivas mediciones de Cadem y Criteria, mantiene niveles de aprobación robustos meses después de asumir el poder. La coincidencia temporal entre el ascenso de la derecha en España y la consolidación de gobiernos de línea similar en Sudamérica alimenta la tesis de que la ciudadanía, a ambos lados del Atlántico, prioriza hoy el orden y el control de fronteras por sobre otras consideraciones programáticas.
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De hecho, VOX ha sido uno de los principales promotores del Foro Madrid, plataforma internacional de partidos de derecha que también ha tenido presencia y ecos en el debate político chileno. La crisis de Ceuta, en ese sentido, no solo debilita al gobierno de Sánchez, sino que refuerza el relato de una derecha iberoamericana articulada en torno a la seguridad, la migración ordenada y el rechazo a las políticas migratorias abiertas del progresismo.
¿Qué viene para Sánchez de cara al año electoral?
Con España entrando en un año preelectoral, el margen de maniobra del Gobierno se estrecha. Sánchez calificó la avalancha migratoria como «un ataque a la integridad territorial de España», pero luego se ausentó tres semanas de vacaciones mientras la situación se deterioraba en la ciudad autónoma, una decisión que la oposición y varios analistas señalan como un error comunicacional de alto costo político. El propio Ejecutivo ha reconocido que los servicios de inteligencia no anticiparon la magnitud del fenómeno, una admisión que el PP ha utilizado para cuestionar la gestión gubernamental en su conjunto, tal como consignó Infobae.
Las próximas semanas serán claves para determinar si la crisis de Ceuta se convierte en un punto de inflexión definitivo o si el Gobierno logra estabilizar la situación humanitaria y, con ello, contener la fuga de votos hacia el bloque de derecha. Por ahora, los números disponibles —recopilados también por Cadena SER— pintan un escenario complicado para La Moncloa y una oportunidad histórica para que PP y VOX consoliden una alternativa de gobierno con mayoría absoluta.
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