Manipulación social en Chile durante el estallido: menos del 1% de las cuentas en redes sociales generó el 30% del contenido y el 60% de interacciones

Manipulación en redes durante el estallido social en Chile, con cuentas extranjeras de Venezuela, Nicaragua y Cuba
Manipulación en redes durante el estallido social en Chile, con cuentas extranjeras de Venezuela, Nicaragua y Cuba

La manipulación en redes sociales durante el estallido volvió a instalarse en el Congreso. La diputada republicana Chiara Barchiesi llevó a la comisión investigadora del caso Cerimedo un estudio que, según expuso, mostraría que menos del 1% de las cuentas analizadas en Twitter habría generado cerca del 30% del contenido y casi el 60% de las interacciones durante la crisis de octubre de 2019. Además, la parlamentaria habló de conglomerados de cuentas que estarían vinculados a Venezuela, Nicaragua, Argentina, México y Cuba.

El dato no es menor. A siete años del 18-O, la discusión sobre si el estallido fue un fenómeno espontáneo o si hubo actores organizados detrás sigue abierta, y cada nueva pieza de información reaviva la pregunta que el Estado chileno nunca logró responder del todo: ¿quién amplificó la violencia y desde dónde?

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Qué dijo Barchiesi en la comisión Cerimedo

La escena ocurrió el lunes 19 de octubre, en la sesión de la comisión especial investigadora que indaga posibles operaciones de desinformación, manipulación algorítmica y uso de inteligencia artificial en redes sociales, con foco en el consultor argentino Fernando Cerimedo. Ese día el invitado era el biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, pero antes de las preguntas Barchiesi pidió incorporar antecedentes sobre cuentas extranjeras activas durante el estallido, según reportó La Tercera.

De acuerdo con ese relato, la diputada citó un trabajo de CONNECTAS Lab que habría revisado las 2.000 cuentas más relevantes de Twitter en ese período. La conclusión que presentó es inquietante: un puñado de perfiles habría concentrado buena parte de la conversación digital, con clusters que, en su interpretación, buscarían manipular la opinión pública chilena desde el extranjero.

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La oposición bloqueó ampliar la investigación

La petición no cayó bien en la bancada de izquierda. Los diputados Juan Santana (PS) y Luis Cuello (PC) objetaron que se ampliara el objeto de la comisión, argumentando que los hechos de 2019 son anteriores al mandato aprobado, que abarca desde 2020 en adelante. La votación para invitar formalmente a Barchiesi a exponer fracasó por falta de acuerdo, y se le pidió enviar sus antecedentes por correo electrónico. El debate retrasó cerca de media hora el inicio de las preguntas al ministro.

Para muchos, el gesto es revelador: el mismo sector que exige investigar la desinformación digital cuando apunta a la derecha se resiste a mirar hacia atrás cuando la lupa se dirige a las redes que acompañaron el 18-O. Es la misma doble vara que ya se vio en otros episodios de campañas digitales.

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Manipulación en redes sociales durante el estallido: el precedente de 2019

La tesis de la injerencia externa no es nueva. En diciembre de 2019, el gobierno de Sebastián Piñera entregó a la Fiscalía un informe de Big Data de 112 páginas que analizó unos 5 millones de autores únicos y 60 millones de comentarios. Según CNN Chile, el documento sostenía que cerca del 19% de los comentarios se originaba fuera del país y apuntaba a cuentas kirchneristas argentinas, al canal ruso RT y al venezolano Telesur como amplificadores del discurso contra el gobierno.

Aquel informe fue duramente criticado en su momento. La académica Bárbara Poblete, de la Universidad de Chile, sostuvo que su equipo no encontró evidencia de influencia extranjera y advirtió que los datos de ubicación en redes son fáciles de falsear, según declaró a la casa de estudios. Es un contrapunto que conviene tener presente: concentración de contenido no equivale automáticamente a una operación coordinada.

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Por qué el dato del 1% importa

Aun con esos matices, la cifra expuesta por Barchiesi apunta a un patrón conocido en la literatura sobre redes: cuando una fracción ínfima de cuentas genera la mayor parte de las interacciones, la conversación pública deja de reflejar el sentir de la mayoría y pasa a reflejar el de quienes gritan más fuerte. Si a eso se suma que esos perfiles estarían asociados a regímenes como el de Nicolás Maduro, Daniel Ortega o el castrismo cubano, la pregunta por la soberanía informativa se vuelve ineludible.

Chile ya ha visto cómo actores externos intentan influir en su debate interno. La desinformación rusa en la región, el entrenamiento de influencers y las tensiones artificiales con Argentina son parte de un ecosistema que no nació ayer.

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Una comisión del estallido que no encontró a los instigadores

El tema cobra más peso porque la comisión investigadora del estallido social en la Cámara cerró su trabajo en agosto sin identificar a quienes habrían instigado los episodios de violencia. Su informe, aprobado por ocho votos contra cuatro, atribuyó al gobierno de la época debilidades en prevención y en inteligencia, y recomendó implementar la nueva Ley de Inteligencia, según consignó El Periodista. La misma instancia se quejó de la escasa colaboración: solo 17 de 32 citados asistieron.

Ese vacío es precisamente el que el análisis de redes podría ayudar a llenar. Si los ataques simultáneos a la infraestructura de 2019 tuvieron coordinación, es razonable preguntarse si parte de esa coordinación también ocurrió en el plano digital.

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Qué viene ahora

En la misma sesión, el ministro Alvarado negó cualquier vínculo contractual entre la Secom y las empresas bajo investigación, y se mostró abierto a revisar propuestas para fortalecer las facultades fiscalizadoras del Servel, siempre resguardando la libertad de expresión. La comisión también contempla invitar a representantes de Google, Meta y X, lo que podría abrir una ventana para preguntar directamente por la trazabilidad de las cuentas que dominaron la conversación del 18-O.

Por ahora, las cifras de CONNECTAS Lab expuestas por Barchiesi deberán ser contrastadas con el estudio completo y con la metodología usada para atribuir las cuentas a cada país. Pero el solo hecho de que la oposición se haya negado a escucharlas en sesión dice mucho sobre la incomodidad que todavía genera revisar qué pasó en las redes durante el estallido.

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El debate sobre el 18-O, en definitiva, no se agota en las calles. Para entender lo que ocurrió también hay que mirar las lecturas de quienes sostienen que el estallido no fue social, cómo Brandon Judd vinculó el estallido con la izquierda, los dichos del embajador de EE.UU. sobre el 18-O y la expulsión de extranjeros detenidos ese día. También vale revisar la reflexión de Arrau a siete años del 18-O y cómo la desinformación rusa busca tensionar a Chile y Argentina.

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