
La violencia en Francia escaló a un punto que obligó al presidente Emmanuel Macron a dirigirse al país en una declaración solemne este domingo 18 de octubre. Desde el Palacio del Elíseo, el mandatario responsabilizó a «extremistas de ultraizquierda» y a numerosos delincuentes por los saqueos, incendios y ataques a edificios públicos ocurridos el sábado 17 durante las protestas contra el encarecimiento de la vida. «Nada lo explica, nada lo justifica», sentenció.
El mensaje, emitido en horario estelar, buscó cerrar filas en torno a las fuerzas del orden y a los comerciantes afectados, mientras el Gobierno francés apunta, de forma más o menos explícita, al ecosistema político de la izquierda radical. Según reportó BioBioChile, Macron advirtió que quienes destruyeron tendrán que rendir cuentas.
Macron y la violencia en Francia: «Todos sentimos rabia y vergüenza»
En su alocución, el jefe de Estado calificó el momento como de «extrema gravedad». Relató que en varias ciudades se saquearon tiendas y se atacaron ayuntamientos, y se preguntó en voz alta cómo era posible que ciudadanos franceses le hicieran esto a su propio país. Incluso mencionó de manera puntual el incendio del ayuntamiento de Limoges como símbolo de una jornada que, a su juicio, cruzó todos los límites.
Macron también reconoció que los policías y gendarmes, pese a su profesionalismo, habrían enfrentado una violencia sin precedentes. Por ello pidió al Gobierno extraer lecciones sobre la recopilación de inteligencia previa a las manifestaciones y garantizar total transparencia en las investigaciones, que según dijo se llevarán adelante «con la máxima firmeza», de acuerdo con lo publicado por COPE.
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La frase con la que cerró uno de los pasajes más duros del discurso resume el tono de la intervención: quienes saquearon deberán pagar por los daños, y quienes intentaron derribar a la República responderán ante ella. Un mensaje que no solo apunta a los autores materiales, sino también a quienes, desde la política, podrían haber alentado el clima de confrontación.
Saqueos, detenidos y la mira puesta en la izquierda radical
Las cifras de la jornada dan cuenta de la magnitud del desborde. Medios internacionales como El Tiempo informaron de cerca de 2.000 detenidos y de saqueos a tiendas de lujo en Marsella. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, habló de «varios miles» de individuos de ultraizquierda que habrían llegado decididos a atacar edificios públicos y a las fuerzas del orden.
Macron, además, exigió a los partidos políticos y a los sindicatos condenar los hechos «sin ambigüedad». Según el diario español elDiario.es, el Ejecutivo apunta a la ultraizquierda y, a través de ella, a La Francia Insumisa (LFI), el partido de Jean-Luc Mélenchon, que hasta ahora ha insistido en que el foco debe estar en el malestar social que originó las marchas.
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Cabe recordar que las protestas se originaron por demandas legítimas: el alza del costo de vida y el deterioro de las condiciones en la educación pública, con estudiantes secundarios y gremios docentes en la primera línea de las movilizaciones de las últimas semanas. Lo que el Gobierno francés intenta separar es precisamente eso: la protesta pacífica, de los grupos encapuchados que convirtieron la jornada en una ola de destrucción. Las investigaciones están en curso y la responsabilidad individual de los detenidos deberá ser determinada por la justicia francesa.
Un espejo incómodo para Chile a siete años del 18-O
La coincidencia de fechas no pasa desapercibida. Mientras Francia digería las imágenes de comercios saqueados y edificios en llamas, en Chile se cumplían exactamente siete años del estallido del 18 de octubre de 2019, cuando una protesta por el alza del pasaje derivó en estaciones de metro quemadas, saqueos e incendios en diversas ciudades. La discusión sobre si aquello fue un movimiento social espontáneo o una ola de violencia organizada sigue abierta.
En nuestro país, diversas voces han sostenido que el componente violento no fue casual. El expresidente Eduardo Frei, por ejemplo, ha planteado que el estallido social no fue espontáneo, mientras que otros análisis han llegado a afirmar que el estallido social en Chile no fue social. A ello se suman estudios de opinión que muestran un creciente rechazo al estallido social entre los chilenos.
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La diferencia más llamativa está en la reacción de las autoridades. Macron no dudó en nombrar a los responsables políticos que, a su juicio, estarían detrás del caos, y en respaldar públicamente a la policía apenas 24 horas después de los hechos. En el Chile de 2019, en cambio, el debate sobre el actuar policial derivó en años de procesos judiciales y discusiones que hoy reaparecen en temas como el indulto a carabineros del estallido social o la denuncia del CDE por testigos falsos en causas del 18-O.
Del registro de vándalos a la condena «sin ambigüedad»
El llamado de Macron a que partidos y sindicatos condenen la violencia sin matices también tiene eco en la discusión chilena. Aquí, el Gobierno del presidente José Antonio Kast ha impulsado medidas como el Registro Nacional de Vándalos, una iniciativa que según la encuesta Cadem cuenta con amplio respaldo: el 67% de los chilenos apoya el registro de vándalos.
Al mismo tiempo, la acusación de que sectores de izquierda no condenan con claridad la violencia es un debate recurrente en la política local, como quedó en evidencia en la polémica por la violencia política y el lienzo del PC o en las críticas del PDG a los llamados del PC a movilizarse.
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Europa en tensión: costo de vida y presión política
Francia no es el único país europeo donde el malestar económico se traduce en tensión política. En Alemania, el Gobierno ha optado por recortar el bienestar social para financiar el rearme, mientras que en España el Ejecutivo enfrenta su propia crisis, con Pedro Sánchez bajo presión por casos de corrupción. El encarecimiento de la vida, medido en indicadores como el IPC, se ha convertido en un combustible social que los gobiernos del continente no logran apagar.
Para Macron, en tanto, el desafío es doble: contener una calle que expresa un descontento real y, al mismo tiempo, evitar que la violencia de grupos radicales termine secuestrando la agenda. Sus palabras del domingo apuntan a trazar una línea clara entre ambos fenómenos. Lo que está por verse es si esa estrategia logra calmar los ánimos o, por el contrario, alimenta la polarización en un país que ya conoce de sobra lo que significa un estallido. Las declaraciones completas del mandatario pueden revisarse en el sitio oficial de la Presidencia de Francia.
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